Oda de tres semanas sin corazón

Hoy no me ha hecho bien verte otra vez
por culpa del desgarramiento de mi pecho.
He vivido tu tristeza a través de la pantalla
estremeciéndote sobre mis pupilas.

Valorando como el tiempo recorre, sin prisa,
cada hueco oscuro de la sala para huir.
Persiguiendo aquel deseo de desaparecer
entre las dobleces de tu cama, sin fluir.

Notando como en lo más profundo de mí,
en mi pecho, se han clavado tus costillas.
Sangrandome tinta y versos de siempre
que apenas reflejan una mísera parte de tí.

Mientras mis labios salían de allí, mis pies,
incapaces de reaccionar en el denso tiempo,
se petrificaban a la espera de sentirte.
Que las pisadas se las llevó el húmedo viento
pero tus caderas marcaron mi sendero.

Te quise, te quiero, pero no puedo.



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