Reflexiones de lunes noche

Cuántas sonrisas enlatadas quedan envueltas
en suspiros breves de un vaho de tabaco.
Sin avisar, las miradas se cruzan y se avisan.
Se cortan y arrebatan la alegría, ya descompuesta,
de la composición más ínfima y diminuta
que jamás cualquier humano ha vivido.

Qué sentir, si cuando el mundo se derrumba
a los pies de uno y a las versiones del otro,
tan solo queda reivindicar la levedad del ser
y acabar con la profunda y eterna fatiga.

Qué decir, si cuando todo son fallos,
lo único que se conserva en el tiempo son recuerdos.
Rotos en las rodillas y arañazos en el parqué
que acaban volviendo sobre uno para dar esa razón de ley.

Qué vivir, si cuando las palabras se difuminan,
tan solo queda la mirada descompuesta
de lo que recuerda a un adiós.
A un último saludo, a una última calada
y a un último perdón.

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