La insoportable idea de decir adiós sin despedirse
Las nubes se arrastran sobre nuestras cabezas,
sin ser conscientes de que estamos viendo el mismo cielo,
a pesar de estar a distancias abismales, a kilómetros
de efímeros mensajes que portan suaves y duras palabras.
Qué complicado suena despedirse si no se llega a decir adiós.
Cuando los procesos de expulsar el veneno del ayer
quedan eclipsados por los recuerdos llevados al papel
y el tiempo liviano se transforma en pesadez en el pecho.
Cuán difícil es asumir que aunque la vida escogiese juntarnos,
ha sido la misma la que ha decidido nuestros diversos caminos.
A Sabiendas de que el tiempo que Más dolerá, será el mismo
en el que siga pensando que seguimos siendo lo que dejamos de ser
Ante la inexistencia del ser sobre nuestro vínculo,
en el que de amiga sucediste a compartir sangre hipotética,
ahora tan solo quedan recuerdos fríos, secos, húmedos,
a la espera de que complementes mi pensamientos con respuestas.
Mi pecho, que se compone de una textura cristalina ,
apenas reconoce tu historia entre el humedal de mis ojos.
Mi vida, que se ha convertido en cielo e infierno, tan solo reclama
el derecho de decir adiós, aunque sea una última vez.
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