Cuando sentirse especiales queda lejos del recuerdo

A través de los versos, que se deletrean
sobre las veces que nos dijimos 'te cielo',
se acaba expulsando el deseo de que aquello,
que no precisamente tú, vuelva a suceder.

La escritura, al igual que la música o la pintura,
se construye sobre la insoportable levedad
de perder aquello que más amas sin saber si,
en algún momento, volverá la forma sin el cuerpo.

Que aquellos abrazos dados entre flamencos y grises
queden reflejados en las manos que exigen libertad
y que observan con precisión cada movimiento
de mis ojos al emocionarme con el tiempo.

Mientras tanto, la pérdida, que comenzó por dolor
y acabó en la perdición del triste ser,
se acaba transformando en un agujero que absorbe
de manera constante el deseo de ser foco y señal.

Después de meses determinando que el destino,
que las razones, no eran más que superfluas excusas,
se arraiga la calma y el dese por que aquel vacío,
que no asfixia, quede arropado de nuevo.

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