Parece que ya llovió sin mojarnos

Parece que va a llover cuando las nubes,
cortas de frío, apenas bañan el cielo.
El sol se va ocultando para dar paso
a la fríe a incondicional tempestad.

Mientras que, entre los grises, se escapan
con facilidad, claros en forma de luz.
Cuando el tiempo amaina en llovizna
para dar paso a la humedad del fuego.

El calor que sienten los amantes,
que deseándose se ponen trabas,
por pura pasión hacia la complejidad
de abanderarse como estoicos ignorantes.

Dejando pasar cada día, cada vela,
para que en cada momento se deseen,
entre granizo e insoportables tempestades,
pero siempre en tiempos discontinuos.

Aunque se rocen y el tiempo, efímero,
se detenga convirtiéndose en una eternidad.
Con el pretexto de la inexperiencia de amarse
para hacer cómplices en la tortura de no tenerse.

Ante un tiempo insustancial que sucede cuando,
a pesar de la cercanía de sus cuerpos, sus almas
quedan eternamente separadas por la inmensidad.
Albergan la esperanza de volver a encontrarse.

Encontrarse de nuevo bajo la lluvia para permitirse,
por una vez, saltar sobre los charcos y arremeterse
hasta que sus cuerpos, y sus almas, vuelvan a estar
unidas como tanto habrían ansiado desde el principio. 


nh

Comentarios