Soledad y desamparo bajo las seis letras de Madrid
Extraño, de desconocido, cuando el ánima
acaba mostrando la soledad a su paso
ante la ausencia de una compañía
que las grandes urbes llaman a desaparecer.
Vagamos por las grandes alamedas
creyendo que alguien nos conocerá
entre la inmensidad de los números primos
para acercarse y hacer de nosotros su hogar.
Grande y dura la nostalgia de aquello
que a pesar de nunca haber sucedido
se esperaba que fuese bañado en oro
para que el brillo reluciese sobre la palma.
¿Es posible tener nostalgia de algo que,
lejos de haber experimentado, acaba?
Termina, antes de empezar, antes de nosotros,
Antes siquiera de transformarnos en uno.
Cuando el destino se aleja de la voluntad
y lo que creemos como cierto acaba siendo
un mero hecho en nuestra minúscula existencia
tan solo nos queda aferrarnos al deseo.
Escoger entre la extremadamente dura verdad
y el esperanzador cese del oculto sufrimiento.
Cuando los bloques de pisos se expanden
las cuatro paredes de mi cuarto buscan desaparecer.
A pesar del tiempo perdido entre los balcones vacíos,
bajo los toldos de color esmeralda que bailan al son
del atardecer cobrizo y rosado, la ausencia de tempo
y sincronía muestra el desamparo de la ciudad.
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