El círculo de los cuatro meses

Os quiero, os quise, y jamás pensé que,
como la espuma que revolotea encima del mar,
os disolverías entre el movimiento de las olas.

Gracias por aquellos abrazos que envolvían
cualquier cacho roto de un corazón frío.
Por las largas charlas entre latas de cerveza,
litronas, lágrimas y estrellas que estampaban el cielo.
La noche que hacía que nuestras almas se entrelazasen
para mostrarse desnudas las unas frente a las otras.

Fuiste como un trampolín en una cancha de baloncesto.
Posicionado siempre contra la canasta para ayudar, 
una vez más, a marcar un último punto de partido.

Después del día siempre viene la larga noche,
después del calor del sol sobre la piel se acerca,
con el simple aviso del atardecer, la oscuridad.
Aunque con el paso de las horas el día aparezca
la luz tardará en dar de nuevo a la base del roble.




Comentarios

Entradas populares