Te echo de más

El lodo sigue ocupando espacio en mi cuarto
sin caer en las costumbres que me dejaste.
La calma le echa un pulso a la tristeza
para conseguir el dominio sobre el otro.

Mientras que tus recuerdos invaden mi piel,
tus gestos, risas, batallas y disputas múltiples
se encargan de ahogarme el pecho cada día.

Tu dolor hacía grande el mío, y eso dolió.
Y eso duele, y seguirá doliendo, aunque no estés.
Aunque la primavera se haya comido al verano
y el otoño quede oculto bajo la sombra del invierno.

Cuando te vuelvas a ir, después de intentar volver,
sentiré en mi pecho aquel mismo frío de enero.
Aquel mismo hielo que atravesaba mis versos
y que se liberaba de tu peso bajo el último Adiós.

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