Veneno: Mordisco de serpiente - Parte 1
A pesar de que las velas se mantengan encendidas,
y de que el fuego no llegue a quemar mis yemas,
y de que el fuego no llegue a quemar mis yemas,
mi sangre se encuentra en pleno fulgor
ardiendo por el deseo de obtener otra dosis de veneno.
El arsénico, inspirado por las palabras
y fomentado por las variables, se entrelaza
con mis uñas, hasta apretar mi mandíbula.
Lo que en un principio era rabia, odio,
hacia algo completamente externo.
Se transforma, poco a poco, en un gusano
que acaba devorando por dentro a su huésped.
Esa eterna cuestión que de una vela se convirtió
a un volcán que, con cada verso, erupciona
hasta arrasar con los restos de rosa y lino
que se esconden en verano en la fresca sombra.
Ese bosque quemado del que, tras un incendio,
tan solo quedan árboles convertidos en carbón
y humo parecido al del tabaco.
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