Concubino de la nostalgia
Ser un amante del recuerdo brota
de la nostalgia que deja alguien
cuando se marcha sin dar un portazo.
Cuando el constante resentimiento que,
a escasos momentos dejabas ir,
decide armarse de valor para cerrar
la etapa y el duelo que te invade.
Bajo el pretexto de que el dolor sanará,
más pronto que tarde, la idea pervive
ante el rechazo a olvidar el amor puro
que un día recibiste en su plenitud.
Ante la sospecha de que el cielo se toma por asalto
después de que el amor se armase sobre las nubes
para descubrir que el ardiente sol deslumbraba
incluso cuando el frío congelaba todo a tu alrededor.
Cuando las garras del tiempo acaban con la esperanza
de sentir tu peso sobre el mío de nuevo, solo entonces,
acaban las versiones que un día me diste sin intención
de que regrese a tí una parte de mi corazón.
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