Cuando la nostalgia se vuelve rutina

 
Así como el pesado fango aplasta
cualquier halo de esperanza.
El recuerdo queda impregnado
de aquellos proyectos que quedaron por hacer.

Los pies, que bailan descalzos sobre la hierba,
y que buscan reencontrarse con otros dedos
que pisar con torpeza, acaban destrozados,
rotos, como las heridas que se hicieron palabras.

Cuando la nostalgia se convierte en rutina,
y el deseo de volver a aquello obstruye
todos tus sentidos hasta alcanzar el corazón,
la memoria se vuelve frágil y sentida.

Sin intención de derivar en regresos,
ni en caricias falsas derivadas el deseo
a aquello que fue y no pudo ser,
la angustia por perder se convierte en dogma.

La cátedra que se marca ante la terrible soledad
queda expresada en largos y fluidos párrafos
que, no solo con hacer el intento de olvidar,
acaban siendo la forma de aferrarse de nuevo.

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