Queda el eco de lo que fuimos
Todo acaba pasando por algo, siempre, aunque el dolor,
ajeno al tiempo, no haga más que atrapar y envolver
cualquier corazón, cualquier momento, reflejado de tristeza.
La herida, que acaba destruyendo cualquier ápice de sostenibilidad,
cualquier insolvencia, espera a cicatrizar para volver a ser,
ser lo de antes en algún momento, a pesar de que todo haya cambiado.
ajeno al tiempo, no haga más que atrapar y envolver
cualquier corazón, cualquier momento, reflejado de tristeza.
La herida, que acaba destruyendo cualquier ápice de sostenibilidad,
cualquier insolvencia, espera a cicatrizar para volver a ser,
ser lo de antes en algún momento, a pesar de que todo haya cambiado.
Tú con tu cabezonería e insolencia que quedaban opacadas
por tus caricias y tus tiranteces en le momento en el que fuimos.
Y yo, con mis defectos y mis virtudes, que no dejaba de eclipsar
mi idea de tí sobre el resto de las cosas.
Con el paso de las estaciones, y la caída de las hojas,
el cambio acaba arrasando incluso en nuestros escritos.
Alejándonos y alterando el calor de un nosotros,
por el frío abismo de la individualidad.
Aquellos jóvenes que veían el mundo a través de los ojos del otro
ya no son capaces de ver nada más allá de su triste mirada.
Porque aquellas veces que se prometieron el mundo,
que nos prometimos nosotros, tan solo son ecos de algo que no volverá.
Al igual que no volveremos a ser, a estar, al menos en la versión que nos dimos.
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