Estrías en el pecho, frío en el corazón

Entre el humo del frío tabaco nos escondíamos
sin recordar la fórmula para encontrarnos de nuevo.
Sin vislumbrar la incógnita de la ecuación
que había dejado en mí aquel acantilado tuyo.

Así, pensando que todo iba a ser nada
y que la nada se convertiría en el todo
me fui desvanecidendo como lo hacen
los barcos de papel navegando por altamar.

Sin ser lo que me habías prometido siempre
acabé aferrándome a ese baúl endeble
en donde apenas cabían nuestros recuerdos
cuándo más necesitábamos ponerlos a salvo.

El polvo se esparció entre 'Te quiero' y 'Te cielo'
dejando tan solo aquellas huellas que mis manos
fueron dejando al volver a ellos sin querer limpiarlos
por verdadero pánico a perderlos para siempre.

Sin figurarnos que todo aquello fue transitorio,
más típico de una locura que de una conexión,
dejaste que las preguntas llenasen los huecos
que tus quejas y tu amor dejaron cuadno se fueron.

Y sigo aquí. Analizándome para saber quién,
pero sobre todo para saber cómo soy.
Y sigues aquí. En mi cabeza. Torturándome
a preguntas que hacen que siempre desconfíe.

Y sigo así, cuestionándome cómo se curarán
las estrías que continúan en mi pecho.
Y sigues aquí, dejando mi corazón
helado tras revivir siempre ese último suspiro.

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