La nostalgia se alberga en los astros
pues la punta de las agujas se rompió
al intentar impregnar dos telas distintas
con el patrón que enmarcaba el tiempo.
El infinito dilema de pesadumbre y nostalgia
que convierte en lodo lo que un día fue pecho.
Sin pensar en Odiseo y Penélope como nostos
acabamos siendo el dolor que nos acompaña.
Llueve sobre el suelo recién asfaltado
y el vapor retrata la ausencia de tiempo.
Voluminosos segundos se resignan
a ser la insoportable e innegable eternidad.
Corto, pues más breve es aquello alcanzable.
Mientras que lo inabarcable se transmuta
para que la pérdida acabe llamando tras de mí.
Lo efímero convertido en sempiterno
da comienzo con el deseo de ser
y acaba en el más absoluto recuerdo.
Los astros se dan paso uno a otro, sin pausa,
para convertir el día en noche a cada instante.
Styska queda relegada a la relación
que sol y luna mantienen por verse de nuevo.
*Styska se mi po tobe: “te añoro; ya no puedo soportar el dolor de tu ausencia”*

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